Vecinos de Torrent denuncian que la presencia de okupas hace «imposible» la convivencia

Algunos de los residentes en la finca del número 62 de la calle Camí Reial se plantean el cambio de domicilio: «No aguantamos más»

La comunidad de vecinos del número 62 de la calle Camí Reial de Torrent ha emprendido su particular cruzada para echar a los okupasque desde hace medio año hacen «imposible» la convivencia. El confinamiento ha sido el detonante: «Salían y entraban cuando querían. La puerta del patio está siempre abierta porque la revientan», comentan.

Pero lo que más hace subir la tensión entre los residentes es la «falta de respeto por las zonas comunes». «En esta época de contagios por la enfermedad, tiraban escupitajos por el hueco de la escalera, colillas, botellas vacías, pañuelos usados incluso meaban en el patio, es un foco de infección», comentan alterados. Y lo mismo ocurre en el deslunado, donde los residentes en el piso de abajo tiene que recoger los residuos que lanzan desde la ventana.

Según explica una vecina de esta comunidad de vecinos, su madre «es mayor, y de riesgo, y en el confinamiento no la dejaba salir ni al rellano de la escalera» por lo que ya se está planteando hasta cambiar de domicilio porque «no lo aguanto más». 

Excrementos de perros

En la terraza ocurre tres cuartos de lo mismo. Este espacio de uso comunitario, que se reformó recientemente, «lo usan como si fuera de ellos con juguetes desparramados, pis y excrementos de perro, que provoca malos olores, y les hemos hecho quitar una piscina hinchable». Los vecinos explican que se están planteando cambiar las verjas que dan al deslunado por un muro «para evitar accidentes porque tiene niños pequeños».

Las fiestas y las peleas a altas horas de la noche también son una constante en la puerta 8. «Hemos llamado en numerosas ocasiones a la Policía Local porque no puede ser que me despierten los golpes y el jaleo», explica uno de ellos que, además, ha sufrido algún insulto por estos hechos.

Lo más peligroso de la presencia de los okupas son los enganches ilegales a la luz y el agua. «Hemos puesto candados a los contadores pero siempre los rompen». De hecho, uno de los afectados comenta que «mi madre se quedó enganchada al grifo por la corriente» y hace referencia a «la repentina subida en la factura de la luz» de algunos de ellos.

La comunidad desconoce cómo llegaron, «fue de un día para otro» y cuánta gente vive en el piso, «a veces solo hay una persona y otras son nueve o diez o incluso más. Lo que sí sabemos es que hay niños y animales». La puerta de la vivienda tiene una placa metálica que cubre la cerradura original y un nuevo paño un poco más arriba. 

Y es que los residentes han hecho todo los posible para solucionar los problemas de convivencia. «Primero lo intentamos por las buenas, hablando con ellos, y luego tuvimos que recurrir a la Policía Local con llamadas, al Ayuntamiento y al banco propietario del piso, pero nadie puede hacer nada o nos dicen que el proceso ya está abierto», comentan con resignación. «Si no fuera por las molestias que causan, no tendríamos problemas de que vivieran ahí», añaden, «todos tenemos derecho a una vivienda pero hay que respetar unas normas de convivencia mínimas».

Este no es un problema aislado ya que según los vecinos, «hay otros pisos ocupados en esta zona de la ciudad», esta calle está muy cerca del barrio del Xenillet. La solución es difícil, especialmente si la propiedad pertenece a un banco, ya que el proceso para poder echar a los inquilinos ilegales se suele alargar en el tiempo y es costoso.

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