Vecinos de El Palmar denuncian un asentamiento ilegal de familias

Aseguran que varios clanes han ocupado dos casas, donde malviven entre la basura y celebran fiestas multitudinarias

Dos años. Es el tiempo que llevan los residentes de las calles Albaricoque y Girasoles, en la pedanía murciana de El Palmar, afrontando la presencia de un asentamiento de varios clanes familiares, que han ocupado dos casas en ruinas, situadas en unos terrenos que se encuentran embargados por una entidad financiera, integrante de una junta de compensación. Las quejas, relatan, tienen que ver con las pésimas condiciones en las que malviven esas familias, en ese lugar al que llaman ‘la granja’, debido a la presencia de animales: «Tienen gallos de pelea y perros de presa».

Los okupas han ido acumulando todo tipo de basura y desperdicios, «como colchones, frigoríficos, lavadoras y coches semiabandonados», y «hay actividad de consumo de drogas, con gente que continuamente entra y sale del asentamiento».

Además, están enganchados ilegalmente a la luz. Los vecinos han puesto reclamaciones en la compañía eléctrica para que mandaran una inspección, «pero no lo han hecho». En los últimos meses, y a pesar de las medidas de restricción por la crisis sanitaria, es habitual que se junte una multitud, «en ocasiones hasta 30 personas, entre adultos y niños», para hacer fiestas en la calle con fogatas, sin mascarilla y sin guardar la distancia de seguridad. «Llamamos a la Policía, vienen, les llaman la atención, y, nada más darse la vuelta, siguen con el jaleo».

Los residentes llaman a este lugar ‘la granja’, por la presencia de gallos de pelea y perros de presa en las infraviviendas

Esta situación la han puesto en conocimiento de la Policía Nacional, con varias denuncias, y han remitido escritos al Ayuntamiento, al Defensor del Pueblo y a los propietarios del terreno para instarles a que limpien, desalojen y derriben las infraviviendas, «que no son habitables, porque hay peligro de derrumbe». Hasta ahora, no han obtenido una solución.

La desesperación de los vecinos es tal que una residente, tras solicitar una cita con un responsable del Ayuntamiento y no obtener respuesta, llegó a amenazar con esposarse a la escalera de la entrada al Consistorio si no le atendía nadie. «Siento rabia e impotencia al ver a mi madre de 72 años, que vive en un edificio justo enfrente, sin salir de casa, porque vive a las puertas del caos, en un escenario peligroso e insalubre», lamenta la mujer, que prefiere no dar su nombre por miedo a represalias.

La pedánea de El Palmar, Verónica Sánchez, asegura que está al corriente de las denuncias y las ha puesto en conocimiento del servicio de Urbanismo del Ayuntamiento para que se ponga en contacto con el propietario de los terrenos y actúe. «Y si no lo hace, que ejecute el desalojo y después lo cobre al dueño». A pesar de eso, aún no ha habido reacción, explica la alcaldesa.

Articulo publicado aquí.

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