Un acuerdo económico consigue el desalojo de los ‘okupas’ de La Corrala de Cádiz

“No tiene por qué ser mañana a la fuerza”. Era uno de los testimonios de uno de los ocupantes del edificio ubicado en el número 56 de Avenida de Portugal. 

Al parecer han llegado a un acuerdo con  la propiedad del edificio, el fondo de inversión norteamericano Cerberus. El compromiso es dejar el inmueble sin ‘okupas’ de aquí al martes, un acuerdo al que, al parecer, se ha llegado a cambio del insólito pago de cinco mil euros, “cinco mil y pico”, según comentaba este lunes Antonio Peinado, presidente de la Asociación de Vecinos de la Segunda Aguada.

Uno de los ‘okupas’ que estaban esta noche desalojando el inmueble confirmaron a este periódico que el acuerdo incluía que el edificio tenía que estar desalojado antes de las dos y media de esta madrugada, momento en el que los propietarios ubicarían allí un retén de seguridad para que nadie ni pueda entrar ya ni salir del edificio.

La intención de los representantes de este fondo de inversión es presentarse a las siete y media de la mañana de este martes para hacer entrega de los cheques nominativos a los grupos de ‘okupas’ que estaban hasta ahora morando de manera ilegal este edificio de la Avenida de Portugal de Cádiz.

En la actualidad son más de veinte pisos de ese edificio los que se encontraban ‘okupados’ desde enero de 2015. Muchos de sus moradores han estado esta tarde y esta noche desocupando las viviendas, llevándose consigo, muchos de ellos, sus pertenencias. Uno de estos ‘okupas’ salía esta noche del edificio portando un inodoro, otros dos, un adulto y un joven, llevaban bolsas de ropa y algunos muebles sobre carretillas de transporte.

Según relata el propio Peinado, el principio de esta ‘okupación’ data de hace seis años. El presidente de la AA.VV. de la Segunda Aguada expresaba su satisfacción por un desenlace que llevan mucho tiempo esperando, ya que la presencia ilegal de estas personas ha mantenido en vilo a buena parte del vecindario.

“Llevamos más o menos un año y medio de cierta paz, pero hemos vivido muchas peleas entre los ‘okupas'”. “Entre ellos no todos eran malos, pero otros muchos han tenido durante mucho tiempo al barrio atemorizado”, reitera Antonio Peinado.

De aquellas 28 familias que entraron en el inmueble en enero de 2015, son ya muy pocas las que allí se mantienen. Los motivos de esta huida progresiva son varios: las peleas, que llegaron a su cota más alta hace tres años con el apuñalamiento de una persona, así como las desavenencias entre los propios  okupantes de estas viviendas y, sobre todo, la venta de droga, principalmente rebujito, y el consumo que se lleva a cabo en el edificio.

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