Las mafias del realquiler de pisos driblan los desahucios

Pequeños propietarios a punto de recuperar sus viviendas ven sus lanzamientos suspendidos

Los grupos organizados dedicados a alquilar pisos para subarrendarlos por días a turistas a través de las plataformas digitales, y también aquellos que trapichean con viviendas en el mercado negro de la ocupación, se están aprovechando de mala manera de la suspensión de los desahucios.

Unos y otros están más relacionados de lo que parece. Y muchos pequeños propietarios, que tras meses de trámites y disgustos estaban a punto de recuperar sus inmuebles, se están quedando estos días con un palmo de narices.

“Ahora no sabemos cuándo podremos echar a esta gente de nuestra casa”

Mauricio Ramírez y su pareja son propietarios de cuatro viviendas en una finca de la calle Marquès de Barberà, en el Raval. “Siempre hacemos contratos de alquiler de larga duración, a gente que busca un piso para vivir, y hace un año alquilamos uno a un ruso, por cinco años –abunda Ramírez–. Pero nuestro inquilino enseguida se puso a realquilar el piso por días. Lo convirtió en un piso turístico ilegal, cortó toda comunicación con nosotros y, encima, al cabo de un par de meses, dejó de pagarnos. Nos consta, a nosotros y al Ayuntamiento, que esta gente se dedica a esto de un modo profesional, que el nuestro no es el único piso de la ciudad que explotan de manera ilegal”.

El desahucio estaba marcado para el martes de la semana pasada. “No fue sencillo lograr una fecha –sigue Ramírez–. Todo es lento y farragoso, a veces desesperante. Primero los denunciamos por subarriendo y, al poco, por impago. En enero el juzgado nos dio la razón. Pero, con el confinamiento, se suspendieron todos los actos judiciales mientras dure el estado de alarma. Entonces nuestro desahucio se esfumó. Ahora de nuevo no sabemos cuándo recuperaremos nuestra vivienda. Y esperemos que esta gente no se aproveche de la moratoria de desahucios de seis meses. Se supone que esa medida es para proteger a familias, pero esta gente pues…”.

“Estas organizaciones están acostumbradas a hacerse pasar por insolventes”

El abogado Manuel Montañés, que conoce bien esta clase de conflictos entre propietarios e inquilinos, que se miró bien el decreto ley del Gobierno central que dicta la moratoria, entiende que los grupos organizados que se dedican al subarriendo tratarán de aprovechar esta medida diseñada con el objetivo de echar una mano a medio millón de familias de toda España en situación de vulnerabilidad para mantener la posesión de los inmuebles, y una vez concluido el confinamiento volver a realquilarlos. Dado que esta gente apenas afronta gastos, no tendrá problemas en reducir los precios para atraer a la demanda. “Para acogerse a esta moratoria hay que demostrar que uno se encuentra en una situación de vulnerabilidad –detalla el letrado–. Pero estas personas acostumbran a declararse insolventes. Algunos, en verdad los menos, están tratando de aprovechar la incertidumbre para convencer a los propietarios de que renuncien a cualquier tipo de acción legal futura a cambio de que les devuelvan las llaves. Pero la mayoría permanecerá a la expectativa, a ver qué ocurre”. Además, desde un proceso judicial, medio año es poco tiempo. Un abogado puede dilatar los plazos con unos pocos escritos. Son circunstancias que también tratarán de aprovechar los grupos dedicados al trapicheo de pisos ocupados. Unos y otros están más relacionados de los que parece.

Las tramas esperan retomar su negocio una vez concluya el estado de alarma

La teniente de alcalde de Urbanismo de Barcelona, Janet Sanz, asegura que el Ayuntamiento hará todo lo posible para que, en cuanto se reemprendan los actos judiciales, los desahucios de los estos grupos organizados sean los primeros en llevarse a cabo. “En estos momentos no hay actividad turística. Seguiremos trabajando para que el mayor número de pisos turísticos ilegales pasen al mercado convencional de la vivienda”.

Katia Messa también se quedó la semana pasada con un palmo de narices. El desahucio de su vivienda también fue suspendido. Ahora estamos en la calle Salomó ben Adret, en el Gòtic. En estos momentos el piso de Messa está ocupado, ocupado por segunda vez, después de que un grupo dedicado al subarriendo lo traspasara a fin de sacar un último provecho antes de desaparecer. La verdad es que el piso de Messa cayó en una suerte de limbo inmobiliario. La italiana lo compró hace 20 años, “y siempre lo alquilé a estudiantes que se quedaban alrededor de un año. Yo soy madre soltera y para mí esto siempre fue un complemento muy importante”. Y el pasado abril aparecieron los inquilinos perfectos, una pareja encantadora, con buenas nóminas y dispuestos a pagar el mes entrante y otros dos de fianza… Lamentablemente pronto se sucedieron las excusas, los impagos, los anuncios en Airbnb, el trasiego de turistas…

Articulo publicado en Lavanguardia aquí

Share this post