Cuando el “okupa” degrada y aterroriza al barrio

La Junta de Andalucía ha anunciado un plan anti okupas para hacer frente a un problema que va en aumento por la crisis económica. Pero hay un drama mayor que el del propietario que se ve despojado de su vivienda: las calles que caen en manos de okupas como ha ocurrido en la Barriada Villegas de la Macarena, donde un grupo tiene atemorizado al barrio, vende droga a plena luz del día y agrede o destroza los coches de los que se enfrentan a ellos.

Sonia A. es una joven relacionada con la Policía que preparaba oposiciones y que hace dos años decidió trasladarse a un piso de su familia en esa barriada para estudiar mejor. Se encontró con unos okupas que se habían apoderado del patio comunitario para instalar un criadero ilegal de perros y que tenían intimidado al barrio: las personas mayores salían a hacer la compra a primera hora para no cruzarse con ellos, luego se encerraban en sus casas y no se atrevían a abrir las ventanas ni a salir de noche.

Se enfrentó al ellos y fue golpeada, amenazada y su puerta y coche sufrieron destrozos. Afirma a este periódico que ha puesto contra Ismael F.R. un total de 31 denuncias, de las que hasta ahora ha ganado 7, una fue archivada y 23 están pendientes de juicio.  

Le impusieron una orden de alejamiento -ahora tiene cuatro- pero se mudó unas calles más allá a otras dos casas okupadas. El problema desapareció provisionalmente a principios de octubre cuando Ismael ingresó en prisión para cumplir una condena por conducir sin carnet. Para el próximo mes de marzo tiene otro juicio en el que la Fiscalía pide para él 9 años de cárcel por presunto tráfico de drogas y robo con violencia.

Afirma Sonia que el grupo violento controla los pisos vacíos de la zona: “vende” llaves de viviendas para okuparpor 300 euros,  alquila pisos okupados y saquea las ventanas de aluminio y tuberías en caso de que las casas no le sirvan.

En cierta ocasión se pelearon entre ellos, incendiaron una vivienda en venganza pero la solución fue fácil: la abandonaron y se instalaron en otro piso vacío.

“Donde ellos actúan parece las Tres Mil Viviendas”, afirma Sonia. A día de hoy, “el que ha podido, ha vendido su piso” y también se han ido los pocos que la apoyaron y que fueron amenazados de muerte y sus coches robados, saboteados y la ruedas pinchadas.

Cuatrocientas personas firmaron un manifiesto contra los violentos pero solo cinco han denunciado, uno de ellos por amenazas con un machete de grandes dimensiones contra un niño de 14 años.

Otra vecina lo cuenta así: “La calle era suya, vendían droga a cualquier hora del día y de la noche. El espectáculo empezaba hacia las 2 de la tarde, cuando Ismael se levantaba, salía a la calle y empezaba a hacer gestos obscenos y a insultar a los vecinos con palabras soeces”. Si no le gustaba la comida que le ponía su hermana, la tiraba por la ventana.

No quería ver a la gente asomada: “Un día yo estaba fumando en la ventana y me escupió, a otra vecina le rompieron la persiana con un puñal y le tiraron unas tijeras que alcanzaron a su hija”. Lo peor, sin embargo, era cuando las ventas de drogas se producían de madrugada y había discusiones a gritos porque no le pagaban.

“Intercambio” de perros con okupas de Mallorca y Torremolinos

El okupa denunciado vivía de la venta de drogas y de la cría de perros. Habían instalado un criadero ilegal en el patio comunitario y los vecinos tenían que pedirle permiso para entrar y no ser atacados por los animales. Allí instalaba también una piscina hinchable que rellenaba con agua de la comunidad.

Se había apropiado también del jardincillo de la calle para pasear a sus animales y aseguran los vecinos que mató a los gatos de la zona para evitar que arañasen a sus perros, lo que dificultaría su venta. Tras un movimiento vecinal, el patio comunitario está ahora recuperado y limpio pero el criadero se ha trasladado a otro de sus pisos, donde hacen “montas”  con los animales de okupas de Torremolinos y Mallorca que se trasladan a Sevilla.

El vecindario dice estar ahora “más tranquilo pero no bajamos la guardia. Estos dos años nos han trastornado por completo, muchos hemos desarrollado ansiedad y depresiones” porque “este era un barrio de gente honrada y trabajadora y ahora vivimos con miedo”.

Los okupas violentos son unas decenas, entre los que venden droga y los “enganchados” que les apoyan. Es cierto que en la zona hay otras familias viviendo en pisos ajenos, pero “no dan problemas y les apoyamos porque les comprendemos, todos lo hemos pasado mal”. Parte de este último grupo son inmigrantes, pero muchos de ellos se han ido para no meterse en problemas.

Los denunciados son diferentes, “se ve que tienen dinero y que usan ropa cara”, afirma una vecina.

Artículo publicado aquí.

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